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MENSAJE AL PUEBLO DE MÉXICO

“Abrazar a nuestro pueblo en su dolor”


«El amor de Cristo nos apremia» (2 Cor. 5, 14).
Prot. 58º/2020


A todos los fieles y personas de buena voluntad que vivimos en México:

En medio de la pandemia, los obispos mexicanos abrazamos a nuestro pueblo en su dolor y lo alentamos en la esperanza. Sólo si estamos unidos y haciéndonos cargo los unos de los otros, podremos superar los actuales desafíos globales y nacionales, buscando cumplir la voluntad de Dios, que quiere que todos sus hijos vivamos en comunión y a la altura de nuestra dignidad.

Con esta certeza de fe en el corazón, compartimos con sencillez, nuestra palabra profética y esperanzadora, ante la compleja realidad que nos toca vivir, y que trae consigo innumerables preguntas y profundos cambios, a los que es necesario responder y enfrentar, ante la disparidad y rapidez con la que está viviéndose esta pandemia (cfr. PGP 23).

1. Abrazamos a nuestros hermanos enfermos y vulnerables

Nos preocupan las condiciones de nuestros hermanos enfermos a causa del COVID-19 y de quienes padecen enfermedades crónico-degenerativas. A pesar de las medidas implementadas por las autoridades sanitarias en los distintos niveles de gobierno, la cifra de personas enfermas y fallecidas a lo largo y ancho del territorio nacional sigue en aumento.

Ante esta realidad, para tener conciencia clara del alcance de la pandemia y sus consecuencias, es necesario que las autoridades civiles realicen todo el esfuerzo posible para proporcionar, información sólida y transparente sobre la extensión del contagio y su evolución, así como del número de muertes que causa. Por lo que será oportuno que la aplicación de pruebas sea amplia, constante y expedita. El derecho a la información sobre el alcance real de la pandemia, en México como en todo el mundo, no puede ser limitado o restringido en modo alguno. La búsqueda de esta información, con todos los recursos disponibles, no sólo es un requerimiento técnico sino una obligación moral de quien tiene la responsabilidad de promover el bien común y dar certidumbre al pueblo cuando se encuentra desconcertado.

La pandemia ha evidenciado en nuestro país la necesidad de fortalecer el sistema de salud, la falta de insumos suficientes a los asistentes sanitarios, y la urgencia del acceso a los servicios de salud para todos. Así mismo, en esta circunstancia se ha hecho particularmente visible el papel insustituible de la familia y su capacidad extraordinaria para proporcionar cuidados a los enfermos y a los más vulnerables. Especial mención merece el hecho de que estas tareas, en la mayoría de los casos, han sido asumidas por mujeres. Es fundamental, que la labor de las familias junto con la entrega, hasta dar la vida, por parte de numerosos agentes sanitarios, sea ampliamente reconocida y correspondida por todos: gobierno, Iglesia y sociedad civil.

En este sentido, los valores de las familias mexicanas, que llevan a la reconciliación, a la solidaridad y a no decaer en la esperanza, habrán de ser protegidos y jamás vulnerados.

Las familias merecen ser reconocidas no solo como célula básica de la sociedad, sino como instancia que compensa en algún modo las carencias en materia de salud que tenemos en el país, sin que esto signifique dejar de buscar cómo superar dichas carencias con políticas públicas apropiadas.

2. Abrazamos a nuestros hermanos pobres y desamparados  

La suspensión de muchas actividades productivas está dañando el empleo y el ingreso de millones de hermanos que experimentan la apremiante necesidad de recursos económicos para subsistir. Es evidente la urgencia de promoción de la economía solidaria y del consumo local (cfr. PGP 31). Casi 10 mil empresas cerraron durante abril y mayo, de acuerdo con la información oficial ofrecida por el IMSS. Más de 12 millones de trabajadores dejaron de tener ingresos tan solo en el mes de abril y el número de pobres va en aumento acercándose al 60 % de la población nacional.1

A quienes han perdido el empleo, a las familias que ahora mismo necesitan ayuda para comer, a los papás que ya no podrán pagar las colegiaturas de sus hijos, a las personas que temen el cierre inminente de sus lugares de trabajo, a los que tienen su tienda o negocio familiar y que no han podido abrir ni vender, a los empresarios que han mantenido el sueldo de sus empleados perdiendo capital y acercándose a la quiebra, a todos les decimos: ¡no están solos! Como pastores hacemos un llamado a la solidaridad y a poner aquello poco que tenemos, nuestros cinco panes y dos peces que el Señor hará multiplicar (Marcos 6,41). Urge, que todos los sectores competentes, gobierno, empresarios y sociedad, generemos condiciones que modifiquen el escenario desolador que estamos viviendo: no podemos dejar morir las fuentes de empleo.

Por eso, como ciudadanos y como Pastores hacemos un llamado a nuestros gobernantes y legisladores para que propongan de manera creativa y oportuna, las mejores soluciones y los incentivos imprescindibles que permitan sortear los difíciles meses de cuarentena para el sector productivo. Descuidar a los generadores de empleo no tendrá ningún resultado positivo a mediano y largo plazo. La primacía del trabajo sobre el capital, tantas veces enseñada por la Doctrina social de la Iglesia, implica implementar todas las medidas que sean necesarias para preservar las fuentes de empleo y promover el espíritu emprendedor.2

De igual forma y con la misma fuerza, exhortamos a impulsar y promover a los que menos tienen. Ningún sector de la sociedad puede quedar marginado en las políticas públicas de rescate y apoyo por esta pandemia, especialmente los pueblos originarios y la población migrante.

3. Abrazamos a nuestros hermanos que sufren a causa de la violencia

Durante la pandemia, la violencia es la única que no está en cuarentena y sigue su estela de muerte e inhumanidad en todo México. Suman ya 14 mil asesinatos en lo que va del año.3 La violencia intrafamiliar se ha recrudecido. Hoy, en medio de esta crisis sanitaria y económica que padecemos, es urgente alzar nuestra voz y refrendar nuevamente que la caridad cristiana no está al margen de la justicia, sino que la supone. 4

Es obligación del Estado hacer efectiva la justicia que implica la seguridad de los ciudadanos, el castigo a los culpables de la violencia y del crimen organizado, sin hacer excepciones en la aplicación del Estado de Derecho. Corrupción e impunidad son un binomio que caminan de la mano, y que nos siguen desafiando en México.

A quienes hacen el mal, despreciando a sus hermanos, no nos cansaremos de exhortarlos al arrepentimiento, al cambio de vida y a la reconciliación. Así mismo, ofrecemos nuestra oración por tantos hermanos y hermanas que sufren o que han fallecido a causa de la violencia. Los obispos mexicanos queremos seguir comprometidos con la paz y las causas sociales de nuestro pueblo (cfr. PGP 174). Sabemos bien que sólo la reconciliación, promovida desde la familia, crea auténtica calidad de vida. Una persona reconciliada y en paz vive con más inteligencia, creatividad y alegría, siendo fermento para la comunión real.

La situación actual nos desafía a seguir creciendo en empatía y compasión, especialmente con los más pobres y vulnerables, con los que están perdiendo todo, con quienes sufren la enfermedad o la muerte de un familiar, incluyendo a los afectados del último temblor del 23 de junio. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.6

4. Abrazamos una profunda cultura democrática y la auténtica promoción del bien común.

El escenario que ofrece hoy nuestro país se caracteriza por la falta de diálogo entre los actores políticos, la polarización ideológica, y el riesgo de una insuficiente división de los poderes públicos que debilita los siempre necesarios contrapesos democráticos. En estas condiciones, resalta la necesidad del ejercicio de la libertad de expresión crítica. La Iglesia se solidariza con los comunicadores que valientemente expresan sus opiniones con verdad y agudeza. Una prensa libre siempre es señal de una sociedad libre.

Ante la proximidad del inicio de los procesos electorales de 2021, la Iglesia hace un llamado al pueblo de México y a todos los actores políticos y sociales responsables, para que se fortalezcan las instituciones autónomas del Estado, en especial el Instituto Nacional Electoral, responsable por mandato constitucional de organizar las elecciones federales y coordinar las elecciones locales, así como los tribunales electorales. Solamente cuidando con esmero la autonomía de estos organismos se tendrá la certidumbre necesaria para que la voluntad del pueblo sea respetada al momento de definir quién debe acceder a los cargos de elección popular. La larga historia de imposición y manipulación de procesos democráticos que caracterizaron en el pasado a nuestro país es un doloroso recuerdo que por ningún motivo debe repetirse.

El Papa Francisco ha insistido en el diálogo como herramienta indispensable para promover el bien común, el fortalecimiento de las instituciones democráticas y el respeto al Estado de Derecho. El diálogo es como un antídoto para prevenir las actitudes antidemocráticas.7 Más aún, el diálogo favorece “una auténtica cultura de la democracia participativa y solidaria, representativa y subsidiaria, promotora de la dignidad y de los derechos humanos. Con estos elementos la democracia se hace una propuesta humana capaz de vitalizar la sociedad y sus instituciones.

Sin ellos, las instituciones, por perfectas que sean, carecen de vida y se convierten con facilidad en espacios para el arribismo y el oportunismo populista en cualquier ámbito de la vida social”.8

Por tanto, exhortamos a eliminar todo discurso que promueva el odio, la división, la exclusión y que ahonde en la separación, fragmentación y rencor social. Frente a los grandes retos que enfrenta el país, solo en unidad, solidaridad, comunión, paz y amor podremos salir adelante.  

Como Iglesia profesamos un profundo respeto por las opciones sociales y políticas que los mexicanos libremente eligen. Para la Iglesia la democracia auténtica merece una alta consideración en tanto que asegura la participación ciudadana en las opciones políticas y garantiza el control de los gobernados sobre sus gobernantes, así como la posibilidad de sustituirlos de manera pacífica.9

Como Pastores nos incumbe impulsar y motivar la participación ciudadana, informada y crítica a la luz de la Doctrina social de la Iglesia. No dejaremos de promover que la sociedad civil contribuya con su parte a la promoción del bien común, de manera pacífica, ordenada y responsable.

5. Abrazamos a la comunidad educativa.

Reconocemos el admirable esfuerzo de muchos padres de familia, maestros y directivos que continuaron, en la medida de lo posible con la formación de nuestra gente. Hoy, es evidente que la educación no se reduce al ámbito de la escuela. Los primeros responsables de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, son sus progenitores y tutores, quienes asumen, en primera persona el cuidado y el acompañamiento de los menores. Cabe resaltar que en este difícil tiempo de pandemia emergió la necesidad de educar en actitudes fundamentales, como el cuidado del entorno, del prójimo, el respeto, la templanza, el diálogo, la sana convivencia, entre otras.

Sin duda, en el transcurso de los últimos meses se han manifestado, las grandes carencias y desigualdades del Sistema Educativo Nacional. Por ello, llamamos a replantear la política social, con el fin de encauzar nuestros principales esfuerzos de inversión de recursos, talento y creatividad, en este sector vital para nuestro desarrollo. Es fundamental para el regreso a la nueva normalidad escolar, el apoyo decidido y concreto en la reestructuración de espacios, herramientas, métodos educativos y acuerdos entre los agentes de las distintas comunidades del País. La promoción de la educación, en sus diferentes niveles, es una de las tareas principales del Estado, que no puede reducirse tan drásticamente con argumentos de austeridad. Es urgente reconsiderar, de manera inmediata, la situación de múltiples universidades, centros de investigación, así como espacios de cultura y promoción del arte, el deporte y la ciencia. El Papa Francisco nos convoca a hacer un gran “pacto educativo”, y la Pandemia es una ocasión para acercar y articular a la familia, la escuela y toda la sociedad.

6. Abrazamos, como Pastores, a todo el Pueblo de Dios

Al abrazar al Pueblo de Dios, estamos convencidos de que es momento de generar espacios de encuentro, diálogo, y consensos sociales, económicos y políticos: gobiernos, sociedad, iglesias, empresas, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil, comunidades e instituciones de todo tipo, estamos llamados a manifestar desde nuestras respectivas misiones, nuestro compromiso común por la vida, la justicia, la solidaridad, la subsidiariedad, y el cuidado de nuestra "casa común".

Como Iglesia que peregrina en México, queremos poner de manifiesto que la Esperanza es nuestra certeza y nuestro camino. Recordamos que a lo largo de la historia nuestro pueblo ha sabido sobreponerse a momentos difíciles de donde ha salido fortalecido (cfr. PGP 168).

Acogiéndonos a los brazos de nuestra Madre del cielo, la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe, construyamos la “casita sagrada” en la que podamos superar nuestras diferencias para caminar hacia el sueño de Jesús de ser uno, como Él y el Padre son uno (cfr. Jn 17, 21).

 

Dado en México, el 29 de junio del 2020,

Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo

 

Por todos los obispos de México

 

+Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey y
Presidente de la CEM.

+ Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Morelia y
Vicepresidente de la CEM


+ Alfonso G. Miranda Guardiola
Obispo Auxiliar de Monterrey y
Secretario General de la CEM

+ Ramón Castro Castro
Obispo de Cuernavaca y
Tesorero general de la CEM

+ Javier Navarro Rodríguez
Obispo de Zamora
Primer vocal

+ José Leopoldo González González
Obispo de Nogales
Segundo Vocal

 

 

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Más de 200 mil personas, que llenarían cuatro estadios deportivos, se sumaron al actor y productor mexicano Eduardo Verástegui a través de las redes sociales y YouTube para rezar el Rosario por el fin del coronavirus, en la Fiesta de la Virgen de Fátima, el 13 de mayo.

“Todo esto refleja que somos muchos los que buscamos a Dios en medio de esta adversidad y nos ponemos en sus manos”, dijo Verástegui, fundador del Movimiento Viva México.

El actor y productor mexicano anunció su iniciativa el 7 de mayo. Para entonces ya llevaba más de un mes rezando el Rosario en vivo a través de sus redes sociales.

 

El objetivo de su convocatoria para la Fiesta de la Virgen de Fátima fue reunir a 50 mil personas, aproximadamente la cantidad suficiente para colmar un estadio deportivo, a través de las redes sociales y YouTube, para rezar el Rosario por el fin de la pandemia de coronavirus COVID-19.

Verástegui comenzó la jornada de oración desde su “rincón guadalupano” al interior de su casa, con una imagen grande de Nuestra Señora de Guadalupe. Al poco tiempo de comenzada la transmisión ya habían superado las 100 mil personas solamente en Facebook.

Los reportes finales, que sumaron los participantes en Facebook, YouTube, Instagram y Twitter muestran que se sobrepasaron las 200 mil vistas durante la transmisión en vivo.

 

“Nos emociona, asimismo, lo que nos comentan desde algunos pueblos del interior de México: que se reunieron a rezar en la parroquia, o que estaban todos en casa de la comadre o la tía. Estamos agradecidos al Señor. Mucha gente se sumó a la oración, y eso nos hace bien a todos”, señaló.

“Esto es una comunidad de oración. Empezamos el 22 de marzo, y seguiremos. Todos los días, a la 1:00 p.m. de México, a través de mis redes sociales, rezando el rosario. Todos están invitados”, finalizó.

Verástegui tiene programada otra convocatoria para rezar el Rosario el 31 de mayo, Fiesta de la Visitación y último día del mes mariano.

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Redacción ACI Prensa

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México, a 16 de abril 2020.

Prot. Nº38/20

Decir sí a la vida de todos

Algunas consideraciones bioéticas esenciales

ante la pandemia de COVID-19

 

 

A toda la Iglesia que peregrina en México, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los saludamos con esperanza y los encomendamos al Señor.

La Iglesia católica ciertamente está comprometida con la promoción y defensa de la vida y de la dignidad de toda persona por razones que provienen de la fe en Jesucristo, que ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia (cf. Jn. 10,10). Sin embargo, desde hace siglos, nuestra fe exige que la razón argumente con todo rigor en materia antropológica y ética, en orden a mostrar a toda persona los motivos que en el orden natural existen para optar por el bien y la verdad objetivos.

Con esto presente, y buscando contribuir a la reflexión en una sociedad plural como la nuestra, que necesita a toda costa reconocer la igual dignidad de todas las personas y evitar acciones discriminatorias e inhumanas, los Obispos mexicanos deseamos de manera breve, exponer las consideraciones bioéticas más elementales que es preciso custodiar por parte de todos, en momentos de desconcierto a causa de la pandemia COVID-19.

 

1. Es una obligación moral conocer y atender con información suficiente el grado de contagio que existe para así tomar las acciones preventivas pertinentes de manera oportuna. Por ello, como lo han mostrado experiencias de otros países que han logrado superar estas primeras etapas de la pandemia, es preciso realizar pruebas de detección, no sólo en pacientes sintomáticos, sino también de manera constante en algunas personas que sin presentar síntomas, puedan eventualmente portar el virus. Omitir realizar el diagnóstico más profundo posible sobre la expansión de la epidemia no sólo es un error estratégico sino de orden moral: la transparencia en materia de información que afecte gravemente el bien común exige proceder de esta manera.

 

2. El personal sanitario tiene el pleno derecho de contar con la protección requerida para realizar su riesgoso trabajo en las condiciones más seguras posibles. Exigir al personal sanitario atender a personas contagiadas o con posible contagio sin dotarlas de todo el material necesario para su protección no es éticamente justificable. A nadie se le puede obligar a arriesgar su salud y eventualmente la vida sin la prudente protección. Así mismo, la atención de la salud mental del personal sanitario, es tan importante como su salud física, por lo que habrá que ofrecerles ayuda profesional en el momento que lo requieran.

3. Es preciso hacer todo lo posible para evitar el racionamiento de los recursos biomédicos[1].

4. La Academia Pontificia por la Vida, que reúne a científicos expertos creyentes y no-creyentes, entre los cuales se encuentran ganadores del Premio Nobel, nos indica con claridad:

“Las condiciones de emergencia en las que se encuentran muchos países pueden llegar a obligar a los médicos a tomar decisiones dramáticas y lacerantes para racionar los recursos limitados, que no están disponibles para todos al mismo tiempo. En ese momento, tras haber hecho todo lo posible a nivel organizativo para evitar el racionamiento, debe tenerse siempre presente que la decisión no se puede basar en una diferencia en el valor de la vida humana y la dignidad de cada persona, que siempre son iguales y valiosísimas (Gaudium et Spes 12). La decisión se refiere más bien a la utilización de los tratamientos de la mejor manera posible en función de las necesidades del paciente, es decir, de la gravedad de su enfermedad y de su necesidad de tratamiento, y a la evaluación de los beneficios clínicos que el tratamiento puede lograr, en términos de pronóstico. La edad no puede ser considerada como el único y automático criterio de elección, ya que si fuera así se podría caer en un comportamiento discriminatorio hacia los ancianos y los más frágiles. Además, es necesario formular criterios que sean, en la medida de lo posible, compartidos y argumentados, para evitar la arbitrariedad o la improvisación en situaciones de emergencia, como nos ha enseñado la medicina de catástrofes.”[2]

 

5. La clasificación ordenada y justa de los pacientes, según sus posibilidades de sobrevivencia, es de carácter universal y todos los equipos de salvamento, atención pre-hospitalaria y atención hospitalaria deben conocerlo. Es previsible que en México sea preciso realizar procesos de selección de pacientes con la finalidad de asignar distintos tipos de atención. Estos procesos se deben realizar tomando en cuenta de manera simultánea: la urgencia del caso, el tipo de necesidad a atender y que los recursos asignados sean lo más beneficiosos posibles para el paciente.

6. Así mismo: “Nunca debemos abandonar al enfermo, incluso cuando no hay más tratamientos disponibles: los cuidados paliativos, el tratamiento del dolor y el acompañamiento son una necesidad que nunca hay que descuidar.”[3]

7. Es inadmisible el abandono de pacientes o la negación del tratamiento médico correspondiente bien sea curativo o paliativo. El artículo 4 de la Constitución reconoce el derecho universal a la protección de la salud. Por ello, insistimos, no es legal, legítimo ni moral el abandono de pacientes.

8. Es importante evitar toda acción que de manera explícita o encubierta pudiera ser de tipo eutanásico o conllevar ensañamiento terapéutico. Las decisión prudente de los médicos y una comprensión integral de los cuidados paliativos son esenciales a este respecto.

9. Las comisiones y comités de bioética, y los organismos responsables de la emisión de guías orientativas para establecer los mejores cursos de acción clínica deben estar siempre integrados de manera realmente plural, con personal adecuadamente calificado, respondiendo a la dignidad inalienable de la persona humana y jamás colocando criterios superiores a este valor para la toma de decisiones biomédicas, para la selección del tipo de atención médica requerida, para privilegiar a un cierto tipo de seres humanos sobre otros. Estas comisiones y comités han de ser escuchados y tomados en cuenta para no dejar al pensamiento de una persona o de un interés o ideología particular, la decisión sobre la vida de las personas en medio de una crisis como la que vivimos. Tanto los gestores de políticas y los médicos deberán vigilar que sus acciones no afecten a grupo vulnerables [4].

10. Los obispos mexicanos estamos convencidos que “la exigencia moral originaria de amar y respetar a la persona como un fin, y nunca como un simple medio” es irrenunciable.[5] Es en momentos como el presente, en que existe un grave riesgo para todos, que debemos aprender a anunciar desde nuestra fe y desde la sola razón natural que la dignidad y los derechos humanos fundamentales no son intermitentes ni son edictos de tolerancia revocables. Toda vida humana es valiosa y ninguna debe ser sacrificada por acción o por descuido.  

 

Que la Virgen de Guadalupe, “Madre del verdadero Dios por quien se vive”, custodie a todos, en especial a los más vulnerables y enfermos, en esta pandemia. Que Nuestra Madre del Cielo obre el milagro de la solidaridad que tanto necesitamos en nuestra nación. Y que al terminar este arduo periodo de prueba y purificación, los mexicanos, a través de su intercesión, nos levantemos de nuevo, más hermanos y más cercanos entre nosotros.

 

Por los Obispos mexicanos.

 

 

 José Jesús Herrera Quiñonez

Obispo de Nuevo Casas Grandes

Responsable de la Dimensión Episcopal de Vida

 

  Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey

Presidente de la CEM

 

  Alfonso G. Miranda Guardiola

Obispo Auxiliar de Monterrey

Secretario General de la CEM

 

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México, a 16 de abril 2020.

Prot. Nº38/20

Decir sí a la vida de todos

Algunas consideraciones bioéticas esenciales

ante la pandemia de COVID-19

 

 

A toda la Iglesia que peregrina en México, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los saludamos con esperanza y los encomendamos al Señor.

La Iglesia católica ciertamente está comprometida con la promoción y defensa de la vida y de la dignidad de toda persona por razones que provienen de la fe en Jesucristo, que ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia (cf. Jn. 10,10). Sin embargo, desde hace siglos, nuestra fe exige que la razón argumente con todo rigor en materia antropológica y ética, en orden a mostrar a toda persona los motivos que en el orden natural existen para optar por el bien y la verdad objetivos.

Con esto presente, y buscando contribuir a la reflexión en una sociedad plural como la nuestra, que necesita a toda costa reconocer la igual dignidad de todas las personas y evitar acciones discriminatorias e inhumanas, los Obispos mexicanos deseamos de manera breve, exponer las consideraciones bioéticas más elementales que es preciso custodiar por parte de todos, en momentos de desconcierto a causa de la pandemia COVID-19.

 

1. Es una obligación moral conocer y atender con información suficiente el grado de contagio que existe para así tomar las acciones preventivas pertinentes de manera oportuna. Por ello, como lo han mostrado experiencias de otros países que han logrado superar estas primeras etapas de la pandemia, es preciso realizar pruebas de detección, no sólo en pacientes sintomáticos, sino también de manera constante en algunas personas que sin presentar síntomas, puedan eventualmente portar el virus. Omitir realizar el diagnóstico más profundo posible sobre la expansión de la epidemia no sólo es un error estratégico sino de orden moral: la transparencia en materia de información que afecte gravemente el bien común exige proceder de esta manera.

 

2. El personal sanitario tiene el pleno derecho de contar con la protección requerida para realizar su riesgoso trabajo en las condiciones más seguras posibles. Exigir al personal sanitario atender a personas contagiadas o con posible contagio sin dotarlas de todo el material necesario para su protección no es éticamente justificable. A nadie se le puede obligar a arriesgar su salud y eventualmente la vida sin la prudente protección. Así mismo, la atención de la salud mental del personal sanitario, es tan importante como su salud física, por lo que habrá que ofrecerles ayuda profesional en el momento que lo requieran.

3. Es preciso hacer todo lo posible para evitar el racionamiento de los recursos biomédicos[1].

4. La Academia Pontificia por la Vida, que reúne a científicos expertos creyentes y no-creyentes, entre los cuales se encuentran ganadores del Premio Nobel, nos indica con claridad:

“Las condiciones de emergencia en las que se encuentran muchos países pueden llegar a obligar a los médicos a tomar decisiones dramáticas y lacerantes para racionar los recursos limitados, que no están disponibles para todos al mismo tiempo. En ese momento, tras haber hecho todo lo posible a nivel organizativo para evitar el racionamiento, debe tenerse siempre presente que la decisión no se puede basar en una diferencia en el valor de la vida humana y la dignidad de cada persona, que siempre son iguales y valiosísimas (Gaudium et Spes 12). La decisión se refiere más bien a la utilización de los tratamientos de la mejor manera posible en función de las necesidades del paciente, es decir, de la gravedad de su enfermedad y de su necesidad de tratamiento, y a la evaluación de los beneficios clínicos que el tratamiento puede lograr, en términos de pronóstico. La edad no puede ser considerada como el único y automático criterio de elección, ya que si fuera así se podría caer en un comportamiento discriminatorio hacia los ancianos y los más frágiles. Además, es necesario formular criterios que sean, en la medida de lo posible, compartidos y argumentados, para evitar la arbitrariedad o la improvisación en situaciones de emergencia, como nos ha enseñado la medicina de catástrofes.”[2]

 

5. La clasificación ordenada y justa de los pacientes, según sus posibilidades de sobrevivencia, es de carácter universal y todos los equipos de salvamento, atención pre-hospitalaria y atención hospitalaria deben conocerlo. Es previsible que en México sea preciso realizar procesos de selección de pacientes con la finalidad de asignar distintos tipos de atención. Estos procesos se deben realizar tomando en cuenta de manera simultánea: la urgencia del caso, el tipo de necesidad a atender y que los recursos asignados sean lo más beneficiosos posibles para el paciente.

6. Así mismo: “Nunca debemos abandonar al enfermo, incluso cuando no hay más tratamientos disponibles: los cuidados paliativos, el tratamiento del dolor y el acompañamiento son una necesidad que nunca hay que descuidar.”[3]

7. Es inadmisible el abandono de pacientes o la negación del tratamiento médico correspondiente bien sea curativo o paliativo. El artículo 4 de la Constitución reconoce el derecho universal a la protección de la salud. Por ello, insistimos, no es legal, legítimo ni moral el abandono de pacientes.

8. Es importante evitar toda acción que de manera explícita o encubierta pudiera ser de tipo eutanásico o conllevar ensañamiento terapéutico. Las decisión prudente de los médicos y una comprensión integral de los cuidados paliativos son esenciales a este respecto.

9. Las comisiones y comités de bioética, y los organismos responsables de la emisión de guías orientativas para establecer los mejores cursos de acción clínica deben estar siempre integrados de manera realmente plural, con personal adecuadamente calificado, respondiendo a la dignidad inalienable de la persona humana y jamás colocando criterios superiores a este valor para la toma de decisiones biomédicas, para la selección del tipo de atención médica requerida, para privilegiar a un cierto tipo de seres humanos sobre otros. Estas comisiones y comités han de ser escuchados y tomados en cuenta para no dejar al pensamiento de una persona o de un interés o ideología particular, la decisión sobre la vida de las personas en medio de una crisis como la que vivimos. Tanto los gestores de políticas y los médicos deberán vigilar que sus acciones no afecten a grupo vulnerables [4].

10. Los obispos mexicanos estamos convencidos que “la exigencia moral originaria de amar y respetar a la persona como un fin, y nunca como un simple medio” es irrenunciable.[5] Es en momentos como el presente, en que existe un grave riesgo para todos, que debemos aprender a anunciar desde nuestra fe y desde la sola razón natural que la dignidad y los derechos humanos fundamentales no son intermitentes ni son edictos de tolerancia revocables. Toda vida humana es valiosa y ninguna debe ser sacrificada por acción o por descuido.  

 

Que la Virgen de Guadalupe, “Madre del verdadero Dios por quien se vive”, custodie a todos, en especial a los más vulnerables y enfermos, en esta pandemia. Que Nuestra Madre del Cielo obre el milagro de la solidaridad que tanto necesitamos en nuestra nación. Y que al terminar este arduo periodo de prueba y purificación, los mexicanos, a través de su intercesión, nos levantemos de nuevo, más hermanos y más cercanos entre nosotros.

 

Por los Obispos mexicanos.

 

 

 José Jesús Herrera Quiñonez

Obispo de Nuevo Casas Grandes

Responsable de la Dimensión Episcopal de Vida

 

  Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey

Presidente de la CEM

 

  Alfonso G. Miranda Guardiola

Obispo Auxiliar de Monterrey

Secretario General de la CEM

 

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9 de abril de 2020

"Es mejor el final que el comienzo." Qo. 7, 8.

 

A todos los agentes y destinatarios de la salud.

En esta realidad difícil de la pandemia universal, urge practicar la caridad, reavivar nuestra fe y reafirmar nuestra esperanza. Con este fin, compartimos las siguientes RECOMENDACIONES, en caso de muerte durante la emergencia sanitaria:

1. En caso de que el fallecimiento sea conocido directamente a causa del COVID -19, la familia y las personas involucradas en el cuidado del paciente deberán notificar a las autoridades y guardar la cuarentena solicitada por la autoridad civil.

2. Para los trámites funerarios y el traslado del cadáver, téngase en cuenta las indicaciones dadas por el personal médico.

3. Una vez obtenido el certificado médico de defunción, la familia deberá ponerse en contacto vía telefónica con la funeraria, para realizar los servicios respectivos. Ellos observarán los protocolos indicados.

4. En el contexto del conjunto de medidas de distanciamiento social, tomadas a nivel nacional, para evitar la expansión del virus, no se recomiendan los velorios, el embalsamamiento, pero sí se prescribe la cremación.

5. Evítese el acercamiento al cuerpo sin vida, pero si la familia desea ver el cuerpo, permitase el acceso sólo a los familiares más cercanos, observando todas las precauciones indicadas: (cubrebocas, gel, guantes, lentes ...) se prohibe tocar el cuerpo.

6. Recomendamos acompañar a los familiares de los fallecidos con nuestras oraciones y con nuestra cercanía, usando los medios de comunicación posibles.

7. Les pedimos vivir la caridad, para con quienes prestan el servicio sanitario; exhorten a los fieles a evitar agredirlos o insultarlos; ellos arriesgan su vida y la de su

familia por antender a los infectados por este virus. Lo mismo para los familiares de los infectados declarados sanos, pidan se eviten acciones discriminatorias contra ellos.

8. La labor del Sacerdote es una actividad esencial para la atención de los fallecidos y sus familiares, en este tiempo de pandemia, es necesario celebrar la Eucaristía por los difuntos y pidiendo también por los deudos, pero a distancia, virtualmente, sin presencia física de fieles, de manera que los familiares encuentren en ello consuelo y fortaleza. (facilitar un número telefónico o una plataforma virtual a los feligreses).

Si se realizaran las exequias, de manera excepcional, háganlo siguiendo las normas estrictas de precaución, y utilizando el Equipo de Protección Personal: higiene de manos, guantes, mascarilla quirúrgica, respirador n-95, delantal impermeable de manga larga y protección facial. Esto, no solo para no infectarse, sino para no convertirse en portadores y transmisores del virus. Además, de regreso a casa, dejar sus zapatos afuera y posteriormente desinfectarlos; despositar su ropa en una bolsa de plástico y lavar inmediatamente; darse un baño con agua caliente y sanitizarse por su salud y la de sus hermanos de casa. Los mayores de 60 años, están excentos de realizar este tipo de servicios.

Procúrese en las Diócesis, solicitar a los hospitales aptos y de confianza, capacitación profesional para los sacerdotes, voluntarios o designados especialmente por su obispo, para atender los casos de contagio positivo durante esta contingencia, o para dar la bendición a los cuerpos de las personas fallecidas a causa de este mal.

9. No dejemos de ofrecer nuestras oraciones y bendiciones por los médicos y enfermeras, por todos los hombres y mujeres que laboran en hospitales, clínicas y centros de salud, y también por los que asisten a los enfermos en las casas.

Recomendamos finalmente, en caso de duda respecto a algún procedimiento adicional, revisar los protolocos de la Secretaría de Salud.

María de Guadalupe y su Hijo Resucitado los acompañen y que Dios les pague con buena salud.

ATENTAMENTE

 

Mons. Domingo Díaz Martínez

Obispo responsable de esta Dimensión

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La Basílica de Guadalupe en Ciudad de México transmitirá la celebración diaria de la Misa y el rezo del Santo Rosario de lunes a jueves a través de sus redes sociales y su canal de YouTube, en un esfuerzo por ayudar a mantener cerca a los fieles y devotos durante la pandemia de coronavirus COVID-19.

Cada año la Basílica de Guadalupe, que acoge la imagen de la Virgen María que se apareció milagrosamente en la tilma de San Juan Diego en 1531, recibe a más de 20 millones de peregrinos, superando a otros santuarios marianos como Fátima o Lourdes e incluso a la Ciudad del Vaticano.

Para la celebración de la fiesta de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre, se congregan en su santuario en Ciudad de México alrededor de 10 millones de fieles.

 

En un comunicado publicado este 17 de marzo, el Arzobispo Primado de México, Cardenal Carlos Aguiar Retes anunció que “a partir de este miércoles 18 de marzo y hasta que pase la contingencia sanitaria, la Basílica de Guadalupe transmitirá dos actos litúrgicos durante el día”.

Estos actos litúrgicos, indicó, serán el rezo de Laudes desde las 8:30 a.m. (hora local), y la celebración de la Santa Misa a las 9:00 a.m., de lunes a domingo.

De lunes a jueves, añadió, la Basílica de Guadalupe transmitirá a las 5:00 p.m. el rezo del Santo Rosario.

La Misa dominical que preside el Cardenal Aguiar Retes en la Basílica de Guadalupe será transmitida al mediodía.

En su comunicado, el Purpurado anunció también la dispensa a los fieles del deber de asistir a Misa los domingos y fiestas de guardar, al tiempo que precisó que los templos “continuarán abiertos y al servicio de los fieles”.

Para ingresar al canal de YouTube de la Basílica de Guadalupe puede ingresar AQUÍ. Para acceder a su página oficial de Facebook, puede hacer click AQUÍ.

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Ciudad de México, a 16 de marzo 2020.

Prot. Nº21/20

 

A todos los señores obispos y pueblo fiel que peregrina en México.

 

Los saludos cordialmente en el Señor.

 

El Consejo de Presidencia de la Conferencia Episcopal Mexicana, acatando las últimas medidas sanitarias de prevención y tratamiento para proteger la salud de la ciudadanía del inminente contagio del COVID-19, mientras dure la emergencia indicada por el Gobierno Federal, y alertas internacionales recomienda encarecidamente a los Obispos de México, suspender:

 

  1. Los encuentros para grupos numerosos, como retiros, asambleas, congresos, jornadas y catequesis.
  2. Las celebraciones Eucarísticas dominicales en los templos parroquiales, santuarios y capellanías. Cada obispo, en su jurisdicción, podrá dispensar de la obligatoriedad de la Misa dominical. Los sacerdotes, sin embargo, no dejen de celebrar la Misa de una manera privada.
  3. Facilitar en la medida de lo posible, que las Eucaristías sean transmitidas por las plataformas digitales y los medios de comunicación públicos y privados, de modo que los fieles puedan unirse espiritualmente a los misterios de la fe.
  4. Durante los próximos días, con las medidas sanitarias, los templos parroquiales, si cuentan con laicos que puedan controlar la correcta disposición de fieles orantes, pueden permanecer abiertos para la oración personal y comunitaria. Se podría exponer el Santísimo para la oración y adoración.  

 

Asumamos estas medidas de emergencia nacional con serenidad, sabiduría y responsabilidad como manifestaciones de amor, solidaridad y cuidado entre hermanos.

 

Como pastores de esta Iglesia mexicana encomendamos a todas las personas de nuestro país, y del mundo entero a la protección de Nuestra Señora, Santa María de Guadalupe, Emperatriz de América.

 

+Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey y
Presidente de la CEM.

+ Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Morelia y
Vicepresidente de la CEM



+Alfonso G. Miranda Guardiola
Obispo Auxiliar de Monterrey y
Secretario General de la CEM

+ Ramón Castro Castro
Obispo de Cuernavaca y
Tesorero general de la CEM

+ Javier Navarro Rodríguez
Obispo de Zamora
Primer vocal

+ José Leopoldo González González
Obispo de Nogales
Segundo Vocal

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Ciudad de México a 28 de febrero de 2020.
Prot. 14/20

Conscientes de la importancia que tiene el Censo de Población y Vivienda que se realiza cada 10 años y que sirve para conocer cuántos somos, cómo somos, dónde y cómo vivimos, invitamos a todos nuestros fieles a participar y a responder de forma completa el cuestionario a los entrevistadores del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en este Censo 2020 que se llevará a cabo el próximo mes de marzo.  

Con respecto a cómo debemos responder los católicos a la PREGUNTA SOBRE RELIGIÓN, ésta viene redactada de la siguiente manera: ¿Cuál es la religión de… (NOMBRE)? (se refiere a los miembros que habitan en el domicilio). Es suficiente con contestar: CATÓLICA. En acuerdo con el INEGI, la Conferencia del Episcopado Mexicano dará seguimiento al proceso de la clasificación para evitar confusiones.

Otro tema importante es la SEGURIDAD, por lo que se recomienda lo siguiente: cuando el entrevistador toque a tu puerta deberá estar debidamente identificado con chaleco, sombrero y un gafete con su fotografía, nombre y el número de entrevistador; con este último, tú podrás verificar su identidad en el Tel. 800 111 46 34 o en censo2020.mx. El entrevistador no debe pasar a tu casa, el proceso de respuesta debe ser en la puerta.


Como obispos reiteramos el compromiso que establecimos en nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031+2033 de “fomentar el sentido de responsabilidad civil de los ciudadanos” (cfr. PGP 176).

Nuestra bendición para nuestros fieles y que Nuestro Señor Jesucristo, nos acompañe durante esta cuaresma.   



+ Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey y
Presidente de la CEM

+ Alfonso G. Miranda Guardiola
Obispo Auxiliar de Monterrey y
Secretario General de la CEM

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Ciudad de México, 25 de enero del 2020.

Prot. Nº6/20



Nombramientos

 

La Nunciatura Apostólica comunica a través de la Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, que su Santidad Francisco se ha dignado nombrar Obispos Auxiliares de México al Pbro. Luis Manuel PÉREZ RAYGOSA, del clero de la Arquidiócesis de México, asignándole la Sede Titular de Suava; al Pbro. Héctor Mario PÉREZ VILLARREAL, del clero de la Arquidiócesis de Monterrey, asignándole la Sede Titular de Bennefa, y al Rev. P. Francisco Daniel RIVERA SÁNCHEZ, M.Sp.S., Superior General del Instituto  de los Misioneros del Espíritu Santo, asignándole la Sede Titular de Aradi.  

Dicha noticia ha sido publicada en L’Osservatore Romano el día de hoy 25 de enero, del presente año a medio día tiempo de Roma.

Nos unimos en alegría y oración con la Iglesia que peregrina la Arquidiócesis de México, y deseamos a  los nuevos Obispos Electos, un fecundo desempeño en esta nueva encomienda del ministerio Episcopal al que el Señor los ha llamado. 

 

  

+Alfonso G. Miranda Guardiola

Obispo Auxiliar de Monterrey

Secretario General de la CEM

 


 

CURRICULUM VITAE 

 



P. LUIS MANUEL PÉREZ RAYGOZA

El Padre Luis Manuel Pérez Raygoza nació el 21 de agosto de 1973 en la Ciudad de México. Es el mayor de los cuatro hijos del matrimonio del Señor Hermilo Pérez Trejo (+) y la Señora Rosalina Raygoza Sánchez.

 

FORMACIÓN ACADÉMICA

  • Realizó su formación sacerdotal en el Seminario Conciliar de México y sus estudios de filosofía y teología en el Instituto de formación sacerdotal de la Arquidiócesis de México (hoy Universidad Católica Lumen Gentium), obteniendo también el bachillerato pontificio en filosofía y teología por la Universidad Pontificia de México.
  • Posteriormente obtuvo la licenciatura en teología por la Universidad Católica Lumen Gentium y la licenciatura en Teología Espiritual por la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma, Italia) en el año 2004.

 

MINISTERIO

  • Fue ordenado diácono el l l de junio de 1999 y recibió la ordenación presbiteral el 13 de mayo del año 2000.
  • Fue formador en el Seminario Conciliar de México durante 17 años: cinco como prefecto de disciplina en el Seminario Menor, en el Curso Introductorio y en Filosofía, y doce años padre espiritual del seminario (junio de 2007 a junio de 2019) coordinando la formación y la dirección espiritual de las diversas etapas formativas del seminario.
  • Ha sido docente de la facultad de teología de la Universidad Católica Lumen Gentium desde 2004 a la fecha, impartiendo las asignaturas de Historia de la Espiritualidad Cristiana, Psicología Pastoral y Teología Espiritual.
  • Fue miembro del Colegio de Consultores y del Senado Presbiteral de la Arquidiócesis Primada de México del año 2007 al 2012.
  • De 2015 a junio de 2019 fue delegado de la Comisión para las Causas de los Santos en la Arquidiócesis Primada de México.
  • Fue nombrado Canónigo del cabildo de la Catedral Metropolitana de México el 15 de octubre de 2017 y se desempeñó como secretario del mismo de octubre de 2017 a junio de 2019.
  • Al presente es Vicario Episcopal de la séptima zona pastoral de la Arquidiócesis Primada de México, Párroco de la Parroquia de San Jacinto (Colonia San Ángel, Ciudad de México) y miembro del Consejo Episcopal y del Colegio de Consultores de la Arquidiócesis de México.

 





P. HÉCTOR MARIO PÉREZ VILLARREAL 

 

El Padre Héctor Mario Pérez Villarreal nació el 20 de febrero de 1970 en Monterrey, Nuevo León, México.  

 

FORMACIÓN ACADÉMICA

  • Estudios de humanidades y filosofía en el Seminario de Monterrey (1990-1995) e Bachiller y licenciatura en teología dogmática en la Universidad Pontificia de México de 1995 al 2001.
  • Doctorado en teología dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en junio del 2017.

 

MINISTERIO

  • Ordenado sacerdote el 9 de enero en Monterrey, N. L. , México. 
  • Vicario, parroquia de Corpus Christi en Monterrey. (1999-2000)
  • Coordinador diocesano de la Pastoral juvenil. (2002-2005)
  • Co-fundador del programa de rehabilitación de pandilleros: Raza Nueva en Cristo.
  • Maestro de Eclesiología en el Seminario del 2002 hasta 2019. 
  • Formador del Seminario de Monterrey como coordinador de estudios de Teología. (2005 - 2013)
  • Párroco de la parroquia de San Jorge Mártir. (Julio 7, 2017 — Julio 13, 2019)
  • Vicario Episcopal para la zona de San Nicolás de los Garza. (Julio 2017 - Julio 2019)
  • Párroco de la Parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Fátima. (Julio 2019 - Enero 2020)
  • Director de la Comisión diocesana para la administración de los bienes del pueblo de Dios. (Junio 2019)

 


 

P. FRANCISCO DANIEL RIVERA SÁNCHEZ 

 

El Padre Francisco Daniel Rivera Sánchez nació el 15 de octubre de 1955 en la Ciudad de Guadalajara, hijo del Señor Daniel Rivera Aldana (+) y Ana María Flores (+) y tiene dos hermanos más .

 

FORMACIÓN ACADÉMICA

  • 1970-1973:Contador Privado (Carrera técnica) en Guadalajara, Jal.
  • 1973-1977:Experiencia laboral en el área de contabilidad.
  • 1977-1979:Ingreso a la Congregación y etapa de Noviciado, en Tlalpan, Ciudad de México.
  • 1979:(Agosto 12) Primera Profesión religiosa, en la Parroquia de la Santa Cruz del Pedregal (CDMX).
  • 1979-1982:Etapa de Filosofía, en el Instituto de Filosofía de los Misioneros del Espíritu Santo, en Guadalajara, Jal.
  • 1982-1984:Etapa de formación en el servicio apostólico, en la Escuela Apostólica (Seminario Menor) de los Misioneros del Espíritu Santo, en Guadalajara, Jal.
  • 1984-1987:Etapa de Teología, en la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma, Italia.
  • 1985:(Septiembre 14) Profesión Perpetua de los votos como Misionero del Espíritu Santo, en Guadalajara, Jal.
  • 1987:(Septiembre 5) Ordenación diaconal, en Erding, Alemania.
  • 1987-1989:Licenciatura en teología con especialización en teología pastoral, en la Universidad Pontificia de Salamanca,
  • 1988:(Agosto 20) Ordenación sacerdotal, en Guadalajara, Jal.

 

MINISTERIO

  • 1987-1989: Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Madrid, España (un año como diácono y otro más como presbítero).
  • 1989-1994:Parrocchia di Santa Maria Liberatrice en Milán, Italia. El primer año como Administrador parroquial y los otros cuatro como Vicario parroquial.
  • 1994-1999: Superior de la comunidad y formador en el escolasticado de los MM.Sp.S. en Arluno, Ml, Italia. Vicario parroquial de la Parrocchia dei Santi Apostoli Pietro e Paolo.
  • 1999-2000: Curso de formación para formadores en la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma.
  • 2000-2004:Superior de la comunidad y maestro de novicios en el Centro de espiritualidad de los Misioneros del Espíritu Santo en Laveno Mombello, VA (Italia). Delegado del Superior Provincial para las casas de Italia.
  • 2004-2010:Primer Consejero, Vicario provincial y ecónomo de la Provincia Félix de Jesús de los Misioneros del Espíritu Santo con sede en Guadalajara, Jale, México. Delegado de la formación básica de la Provincia.
  • 2010-2016: Superior de la Provincia Félix de Jesús con sede en Guadalajara, Jal. , México.
  • 2016-2020: Superior General de los Misioneros del Espíritu Santo.
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No a la guerra ni a la violencia

 


 

 

Al inicio del nuevo año 2020, saludamos a nuestros fieles, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. 

Todos somos testigos de la delicada situación de incertidumbre y violencia que vivimos a nivel nacional e internacional, sobre todo en estos primeros días del 2020. Nuestra familia humana sigue cargando vestigios de la guerra y los conflictos entre las naciones.

Los obispos de México hacemos un llamado para detener la violencia provocada por la intolerancia de ideas y la lucha de intereses de unos contra otros. Como nos menciona el Papa Francisco en su mensaje para esta 53 Jornada Mundial de la Paz: “La guerra se nutre de la perversión de las relaciones, de las ambiciones hegemónicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obstáculo”.

Como pastores no podemos permitir la decadencia de la esperanza ante la obscuridad de la guerra y los conflictos, debemos siempre pronunciarnos para que la humanidad y las naciones ejerzan su derecho al diálogo honesto y al noble ejercicio de la diplomacia, como los métodos que salvaguardan la integridad y la dignidad de individuos.

Hoy en día no podemos seguir aceptando, mucho menos promoviendo discursos políticos que polaricen a la humanidad o que inciten a la violencia. La guerra representa siempre una derrota para la humanidad.

La paz siempre será un horizonte alcanzable para todos, basándonos en el derecho internacional, la solidaridad entre los Pueblos, y en el respeto de cada semejante y de nuestra Casa Común. 

A nombre de la Iglesia en México afirmamos que no caminaremos bajo el sendero de la violencia y de la guerra, que la historia juzgará con vergüenza, a sabiendas de que un hermano levantó la mano contra su hermano.

Te imploramos Dios de la paz, que en tu infinita misericordia nos bendigas y vengas en nuestro auxilio. Que María, madre de todos los pueblos de la tierra, nos acompañe y nos sostenga en el duro camino de la reconciliación.

Los obispos de México. 

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Diócesis de Huajuapan 2020

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